sábado, 21 de abril de 2018

Erich Fromm

ERICH FROMM (1900-1980)


En este blog publicaré periódicamente las teorías principales del aprendizaje que han servido de Marco de Orientación y Referencia para la práctica docente de muchos profesores  en América Latina y que representan, a su vez, los paradigmas más destacados sobre el tema, sin embargo, quiero comenzar esta serie con una presentación sucinta de la Teoría del Carácter de Erich Fromm y su relación con una educación que privilegie lo humano.

El desafío: una escuela que privilegie una formación auténticamente humana
Pienso que ninguna enseñanza es suficientemente significativa si no produce un cambio caracterológico  de orientación humanista en los estudiantes[1].  Ese es un problema que rebasa los límites en que los enfoques cognitivos-evolucionistas tradicionales del desarrollo moral (Piaget, Kohlberg)  han circunscrito su teoría; en ese contexto, consideró conveniente introducir en forma muy general la teoría del carácter de Erich Fromm, fundador del Psicoanálisis Humanista,  en cuanto sus aportes pueden orientarnos en nuestra práctica docente hacía una formación auténticamente humana.

En efecto, los enfoques cognitivos-evolucionistas del  desarrollo moral se concentran en lo que Fromm llamaría “ideología moral”, es decir, la aprehensión conceptual de principios éticos, sin que estos constituyan un verdadero marco de orientación que movilice a los estudiantes a la acción, por ejemplo: una persona puede aprender que la “vida es un valor universal en todas sus formas”, puede saber en términos cognitivos ¿qué es la vida? Y ¿Cuáles son las formas en que se expresa?, pero ese conocimiento racional no impedirá que practique la caza o halle placer en una corrida de toros o disfrute causando dolor y sufrimiento en los demás[2].

Estas ideas plantean la diferencia entre saber y sentir, en últimas, marca la diferencia  entre los enfoques cognitivo-evolutivo de Piaget y Kohlberg y psicoanalítico de tipo humanista de Erich Fromm[3], no obstante, a pesar de este contraste aparentemente sustancial, ambos enfoques son complementarios; desde Spinoza se insiste en que el hombre no es una mera “entelequia racional” o un organismo meramente biológico, es un conjunto dinámico de fenómenos genéticos, biológicos, psíquicos, cognitivos y sociales, comprenderlo implica hacerlo desde estas dimensiones, enfrentando la complejidad que entraña.

En consecuencia, el saber racional y el sentir son dos procesos dialécticos que deben estudiarse conjuntamente, especialmente si queremos que los principios éticos de contenido humanista sean experiencias vívidas para los estudiantes, en otras palabras, además de saber hace falta sentir entrañablemente lo que se sabe[4].
El aprendizaje es un fenómeno dinámico que implica disposiciones fisiológicas específicas e interacciones sociales de orden histórico y cultural, que determinan a su vez, formas específicas de comportamiento individual y social que deben ser analizadas a la hora de evaluar la eficacia de los procesos de enseñanza.

Por ejemplo: la razón y la búsqueda de la verdad, son valores fundamentales desarrollados a partir de la Ilustración, que no constituyen sin embargo, imperativos categóricos entre los individuos de las sociedades modernas; la razón, la verdad y la unidad con el universo, no son “sentimientos” enraizados en la estructura del carácter de los hombres, no constituyen la base moral que los movilice  actuar en congruencia, por el contrario, son otras muy distintas las motivaciones humanas: la irracionalidad, el ocultamiento, el engaño, la competencia despiadada, el desprecio por la naturaleza, etc.

Durante años, sea enseñado en las escuelas valores como la verdad, la razón, entre otros, no obstante, los hombres proceden en forma irracional y basados casi siempre en ideas erróneas sobre la realidad. ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Por qué tal incongruencia, si cada día conocemos mejor la forma como el hombre aprende y las mejores técnicas para promover estos aprendizajes?

El origen de esta contradicción debe buscarse en la estructura del carácter, ese tejido psicológico, responsable de las emociones, de los sentimientos, de las creencias más fundamentales del individuo, el “motor” psíquico que explica sus acciones y reacciones y en todo caso lo moviliza  actuar.

Spinoza por ejemplo, planteaba “… que el poder de los afectos es tal que la única esperanza de superar un afecto perjudicial (una pasión irracional) es superarlo con un afecto positivo más fuerte, un afecto desencadenado por la razón. “No se puede refrenar o neutralizar un afecto, excepto por un afecto contrario que sea más fuerte que el afecto que se quiere refrenar” En otras palabras, Spinoza recomendaba que combatiéramos una emoción negativa con una emoción más poderosa pero positiva producida mediante el razonamiento y el esfuerzo intelectual” (Damasio, 2009).

La enseñanza no siempre causa el aprendizaje, especialmente cuando es memorística, arbitraria o autoritaria; sin embargo, no siempre las enseñanzas más significativas aquellas que producen aprendizajes significativos en los estudiantes, son suficientes para producir un cambio caracterológico en estos o como algún sector de la investigación viene afirmando, (desde el enfoque cognitivo-racionalista)  un "cambio conceptual" en los estudiantes.

Para Spinoza “…era fundamental la idea de que el sometimiento de las pasiones ha de conseguirse mediante la emoción inducida por la razón, y no únicamente mediante la razón pura. Esto no es en absoluto fácil de conseguir pero Spinoza no advertía ningún mérito en lo que era fácil” (Damasio, 2009)

Tengamos en cuenta que “…nuestro cerebro porta todavía la maquinaria para reaccionar de la manera en que lo hizo, en un contexto muy diferente, hace mucho tiempo. Y podemos aprender a desechar tales reacciones y persuadir a otros para que hagan lo mismo” (Damasio, 2009).
Para empezar es muy importante establecer a qué nos referimos con el concepto de “naturaleza humana”, un concepto escurridizo si se quiere, sin embargo, gracias a la ciencia hoy podemos establecer con certeza su significado y alcance.

Aunque desde la antigüedad los intelectuales de la época, (los filósofos), se han esforzado por caracterizar lo esencial en el hombre, es sólo a partir del siglo XV, cuando las aproximaciones al concepto son mucho más formales gracias al progresivo conocimiento científico del hombre. Ese conocimiento científico ha sido creciente y hoy podemos establecer con certeza a qué llamamos naturaleza humana.

Denominamos naturaleza humana, al conjunto de características biológicas y psicológicas comunes y exclusivas a todos los hombres de la tierra, sin distinción de edad, sexo, estirpe o condición. Las características biológicas son el producto de años de evolución como especie (especie humana) y las psicológicas son el resultado de la relación dinámica, de predisposiciones genéticas y procesos de interacción social.

El concepto de naturaleza humana se refiere a esa Común Unidad de factores genéticos, biológicos y psicológicos pertenecientes a todos los hombres de la tierra, lo que quiere decir, que todo hombre o mujer es síntesis y resumen de la humanidad, hablamos de la Unidad de la especie humana.

Este planteamiento basado en la ciencia, arroja por tierra toda forma de discriminación, toda justificación guerrerista, todo canibalismo social, toda forma de terror que hace creer a los pueblos que el vecino es un enemigo, etc.

1. La naturaleza de toda vida en los términos más generales, es preservar y afirmar su propia existencia; nos referimos al instinto de la autoconservación, al conatus de Spinoza:

“¿Qué es el conatus de Spinoza en términos biológicos actuales? Es el conjunto de disposiciones establecidas en los circuitos cerebrales que, una vez activadas por condiciones internas o ambientales, buscan tanto la supervivencia como el bienestar” (Damasio, 2009).

2. "La existencia y despliegue de las potencias específicas de un organismo son una misma cosa; el fin de la vida del hombre, por consiguiente, debe ser entendido como el despliegue de sus poderes de acuerdo con las leyes de la naturaleza (Fromm).

3. Únicamente puede afirmar sus potencialidades humanas realizando su individualidad.
4. El deber de estar vivo es el mismo que el deber de llegar a ser “sí mismo”, desarrollarse hasta ser el individuo  que cada uno es potencialmente.
5. El hombre vive en un estado permanente de perplejidad, quiere vivir aunque, es consciente que debe morir algún día; quiere encontrar la armonía en medio de este desequilibrio. La más fundamental dicotomía existencial del hombre es el de la vida y la muerte.
6. El hombre encuentra su felicidad y la realización plena de sus facultades únicamente en relación y solidaridad con los demás, con sus semejantes (Fromm, Ética y Psicoanálisis, 1997).

Mapa Conceptual. Naturaleza Humana. Fuente: Elaboración Propia.

Continuación en próximas entregas.





[1] Esta línea teórica de investigación alcanza gran importancia si se tiene en cuenta que la educación no solo envuelve procesos de enseñanza-aprendizajes de conceptos y teorías científicas, también “… debe favorecer el desarrollo y la formación plena de los alumnos(as) y construir una realidad que integre al mismo tiempo conocimientos y valores” (Gutierrez, 1995).

[2] En la investigación  “Obreros y Empleados en vísperas del Tercer Reich” de Fromm y otros investigadores se evidenciaron  las contradicciones latentes entre lo que sabía y verbaliza  el entrevistado  y lo que realmente sentía consciente o inconscientemente, sobre la democracia, la libertad o la solidaridad.
[3] La diferencia entre la teoría psicoanalítica de Fromm y las teorías cognitivas-evolucionista sobre el desarrollo moral son fundamentalmente de énfasis: la línea de investigación psicoanalítica de  Fromm enfatiza la interacción dialéctica del individuo psíquico con su contexto social, mientras que las teorías cognitivas-evolucionistas  enfatizan la dimensión cognitiva estructuralista.
[4]  Educación “sentipensante” expresión tantas veces repetida por  el maestro Eduardo Galeano.
5. https://co.pinterest.com/pin/526850856390048758/ consultada el 21/04/18
Fromm, E. (1997). Ética y Psicoanálisis. Mexico D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Fromm, E. (2008). Las cadenas de la ilusión: una autobigrafía intelectual. Barcelona: Paidos Iberica.
romm, E. (1997). Ética y Psicoanálisis. Mexico D.F.: Fondo de Cultura Económica.
Fromm, E. (2008). Las cadenas de la ilusión: una autobigrafía intelectual. Barcelona: Paidos Iberica.
Damasio, A. (2009). En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos. Barcelona: Crítica.

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